lunes, julio 15, 2013

Poesia sobre el pintor Sorolla


Después de alguna visitas a museos de Sorolla, he escrito este poema que habla de como el rosal amarillo que tenía el pintor en el pórtico  se queda pálido poco después de su muerte, a pesar de los cuidados de la familia por mantener viva una de las últimas obras del valenciano. 


Diminutas trenzas recuerda tu huida,
como pisadas que anuncian el invierno...

 Agoniza el rosal amarillo del pórtico de Sorolla
porque no recuerda tu sonrisa,
 se centra, seguramente,
 en tus inseguridades vistiéndose,
 en el aroma suave de la carencia de desayunos,
 pone un énfasis atroz,
o eso me sugieren sus marrones,
 en el fotograma de tu traición, en la luz apagada del garaje.

 Pájaros que ya no volverán a posarse
 en su color pálido de flores,
y tu seguramente llores
 sin que la fotografía recoja tu belleza.

 Ya no estará su amor a tu servicio,
lienzos marchitos que añoran el calor
 y la luz de tu hermosura,
bajo el pincel de Sorolla.

miércoles, junio 19, 2013

Microrelato sobre los trenes y el paso del tiempo




Hace unos días publique el microrelato que presenté este año al concurso de Renfe. Como el resultado no me gustó mucho, lo he ampliado para intentar explicar un poquito lo quería, el paso del tiempo, los momentos importantes de nuestro viaje personal y como los trenes son una metáfora perfecta para lo que pasa en nuestras vidas.




La primera vez que cogí el tren no os conocía. Llovía mucho aquel día en el que, solitario y destronado, crucé el país. Dije que sí a los auriculares y desplegué mis cromos por la bandeja, en un intento desesperado por no perder la magia. La pregunta, mental por mi prudencia, siempre era la misma ¿Cuánto falta para llegar? Arena y molinos, guerra que no va a ganar, siempre me ha parecido una historia triste, pero, por fin, el ritmo de la sucesión de escenas se congeló, y de un salto enorme pisamos tierra firme.

No me gustaría exagerar pero pasé catorce años en aquella estación, protegiendo mi maleta, esperando. Perdí en aquel sitio todos mis cromos, viendo como el /paso del tiempo- desaliento impedía los goles a esos héroes de otra época. La magia, supongo, se quedó en stand-by, guardada en aquel equipaje que ardía en deseos de volver a viajar.

Recuerdo la fotografía del día que te conocí. La estación, iluminada y radiante una hora antes de partir, parecía que esperaba tu belleza. A partir de ese día, me enseñaste los mejores trenes, esos que nos llevaron entre montañas.

Debo reconocer el ritmo lento, a veces, de Talgos sin ganas de rodar, en esos inviernos que pase contigo. Pero la imagen que sobresale es la de tus ojos de color incierto en las azoteas de aquellos trenes que usamos para escapar, desnudos viendo películas clásicas, como si nada importase.

Todo nos llevó hasta este mismo instante. El vagón está lleno, solo estáis vosotros dos, y digo no a los auriculares escuchando vuestras risas, esa música que me recuerda que el viaje empieza ahora.

martes, junio 18, 2013

Microrelato sobre "El Viaje y el tren"





Como cada año, he participado en el concurso de RENFE De microrelatos, que este año consistía en escribir con solo 99 palabras una historia bajo el nombre "El Viaje y el tren".







La primera vez que cogí el tren no os conocía. Solitario, crucé el país presintiendo que los raíles me llevaban a vosotros. Dije que sí a los auriculares y desplegué mis cromos por la bandeja, listo para la batalla.

No me gustaría exagerar pero pasé catorce años en aquella estación, protegiendo mi maleta, esperando. Entonces apareciste, cargada de belleza, y me enseñaste los mejores trenes, esos que nos llevaron entre montañas.

Hoy el vagón está lleno, solo estáis vosotros dos, y digo no a los auriculares escuchando vuestras risas, esa música que me recuerda que el viaje empieza ahora.




Este microrelato que os dejo no me dejó del todo satisfecho, así que estoy trabajando en "La estación iluminada", un relato también breve pero algo más extenso, que me permite trabajar sin el corsé de tener que escribir un relato en determinadas palabras. En cuanto lo termine, me falta corregir alguna cosa, lo subiré.

Actualizo: Aquí esta el microrelato terminado.

jueves, marzo 07, 2013

Musica clasica para recordar tu huida





En tu rostro hay melancolía, son pisadas firmes, fotos Polaroid del aeropuerto.


Los rascacielos marcan el punto de partida de las despedidas y tu estabas hermosa incluso diciendo adiós, haciendo inaudibles los telediarios. Supongo que ahora, en el debate entre la realidad y lo subjetivo, es perjudicial recrearse en la ansiedad de tu hermosura. Por eso yo también me despido, para parar de no seguir con la vida, para retomarle el pulso a los aviones.


Pero es el ruido del metro recuerdo de tu silencio, tus piernas largas huyendo, inalcanzables, obsesiones que me impiden cruzar los parques, que frenan el desembarco del mañana. Mientras, en la ciudad, nada pasa, también se queda, enganchada, esperando que regreses.

miércoles, marzo 06, 2013

Southern California


Southern California



La graduación, más que un rito de paso, es una salto al vacío. Mientras que en mi vida universitaria los exámenes marcaban el compás, ahora, desde el abismo, debo decidir que hacer. Un camino para siempre.

 El periodismo de verdad, ese que te mancha, o la vida de famosa, de aprovechar el apellido imposible de escribir para renunciar a la rutina de la escasez de efectivo.

 Criticar, entre fiestas y cócteles, un padre que se las da de perfecto pero que no es más que un ejemplo claro de falsedad. Hollywood en estado puro, vaya. Un tipo que mientras perseguía el juguete imposible en la gran pantalla no acudía a la obra de teatro de su hija. Emociones efectistas. Un padre de gritos e insultos, desfasado por las drogas de mister universo, un ser difícil de admirar. Drama social.

 Antes, al preguntarme por mi padre, solo silencio. Sí, a veces, para contentar a las masas les cuento la historia de Bacon, un cerdo que me regaló y mandó a una granja para que perdiese peso. Una gilipollez enorme, pero que distrae la atención, evitando el desgaste de la mentira.

 La opción del periodismo esta ahí, es evidente, me parece la elección más sensata. Mi vocación real. A eso dedicaré mi vida. Menos dinero, pero fuera de todo artificio, que esa lección ya me la enseñó papá. A mi no vendrá ningún Terminator a salvarme.

Ejercicio propuesto en el curso "Escribir cuentos o matar a García Márquez", a raíz de una noticia elegida al azar.

jueves, febrero 07, 2013

Tu belleza sobrevuela Canada




Estamos solos en Nueva York. Tú y yo, solos. Aunque esto no es la ciudad más importante del mundo, ¡qué importa!. No tenemos dinero para enamorarnos de Manhattan, pero podemos ver los viandantes, las luces y están esos taxis amarillos que nos dan sensación de movimiento, de que todo pasa. Hay huertos urbanos para alquilar, gente jugando al ajedrez en los parques, músicos desafiando al silencio y ardillas que juegan al sprint, como si preparasen los mil quinientos. ¡Qué te parece si vamos a pasear, a abrazar con nuestras huellas los ríos!. A ver a donde nos pueden llevar las aguas efímeras...

Te pasas el día soñando, ausente, te quejabas. Ni siquiera me escuchas. Me decías, a veces, estas frases, siempre con un tono de paciencia y cansancio, con el único objetivo de despertarme, de sobrevolar mi letargo.

Sin embargo, yo seguía en las nubes porque no te traicionaba. Tú siempres estabas en mis fantasías, predilecta y segura, algunas veces diferente, con poca lealtad a la ropa, en cualquier paisaje con mar, en un hogar donde siempre es verano. Tu hermosura estaba intacta, plagiada de la realidad, pero cambiaba el escenario, el croma. Y entonces salíamos flechados del cine para guarecernos en la belleza de la ciudad, en su aislamiento, y siempre, en los bocetos, tu y yo, juntos, sin obligaciones.

Pero tu querías irte a Canadá. Te habían ofrecido trabajo y habías encontrado una casa extremadamente funcional, bien situada, y me explicabas lo poco que tardaríamos en ir al centro usando transporte público. En tu tendencia innata a la verdad, me contabas la complejidad de tender la ropa en las estaciones en las que no dejaba de llover, hablabas de ahorrar para el futuro, de decorar la casa, y del banquito fuera, en la entrada, donde estaban programados nuestros desayunos. Tendrás que madrugar para aprovechar el sol, me dijiste.

Así que discutimos una noche y tu terminaste tu maleta. Mis fantasías contra tu pasaporte, yo pensaba que no podía perder. Te fuiste. La casa quedó vacía, ese mismo lugar donde tu te ponias guapa, ofreciendo tu tiempo al espejo mientras yo soñaba, ese sitio cálido era ahora un habitáculo irrespirable, un lugar del que no se puede escapar, nubes para la lluvia.

El cheslón enorme, la televisión durmiendo, el árbol de navidad y sus luces, algunos recuerdos de nuestros viajes, elementos sin sentido si no estabas allí para llenarlo todo, para hacer de luna sobre el escenario de cartón. Los electrodomésticos no bailan, no saben nuestra canción.

Esa misma noche tomé la decisión. Quedó allí, en nuestra antigua casa, un charco de lágrimas profundo que todavía me cala, que me empapa cuando intento evadirme, cuando por un impulso natural vuelvo a Central Park. Dejé los rascacielos rumbo a Canadá, y el viaje en avión fue una metáfora perfecta del cambio.

Ahora huele a frío en la realidad. Tú, yo, nuestros hijos, magia.

Presentado, sin éxito, al concurso Historias de Amor Jamás Contadas