martes, junio 05, 2012

Relato hiperbreve: Pupitres


Pupitres






¿Recuerdas cuando apilábamos los pupitres

como sueños pintados de verde

mientras  la levedad del mundo

se notaba en cada rincón menos en tu belleza?



Eramos demasiado pequeños como para que el amor supiera de borrones y nos dedicábamos a molestar a la profesora pasando las horas como desfiles de sirenas, celebrando ruidosos que  todo era sencillo.

Dicen que la memoria archiva pequeños fogonazos, como si tuviésemos una colección de fotografías Polaroid que puede transportarnos al pasado. Yo aún recuerdo aquellas mesas verde claro llenas de marcas, un historial de las caricias de los niños que van pasando, de generación en generación, almacenando recuerdos e historias fugaces.

Allí era donde nos sentábamos juntos por un error aleatorio, seguramente trazado para que tu y yo estemos ahora mismo donde estamos. Tu te aburrías en las clases, quizás porque desde pequeña ya estabas pensando en nubes, aviones y sueños, esas pequeñas cosas que adornan las alturas.

Yo te entretenía gambeteando hasta que forzaba tu risa, que llegaba violenta y ruidosa como los mejores poemas. Nada te hacia parar hasta que la profesora te llamaba la atención. Entonces tu lienzo pálido tomaba color y en cuanto los focos cesaban me dabas un codazo como para decir: ¡para ya! Yo volvía pronto a forzarte la risa, quizás porque ya desde pequeño estaba pensando en nubes, aviones y sueños, esas pequeñas cosas que adornan las alturas.

Después de hacernos mayores nos volvimos a ver. Tu estabas subjetivamente hermosa, como una bailarina que perfecciona su técnica con el tiempo. Seguían intactos los sueños jugueteando por tu rostro pero ahora también bailaba tu cuerpo.

Ni hablamos de nuestra historia de amor jamás contada. Quizás porque no fue tal, porque comentarlo le quitaría la magia o por mi miedo atroz a que hubieses desechado la foto de nuestros pupitres siameses.

En un instante de nuestro paseo pensé en comentar contigo la paradoja: que ahora que siento la transcendencia de todo puedo ver la única levedad del mundo en tu belleza.


Este relato, participó sin éxito en el concurso literario de la revista Vivir Elda.

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