domingo, febrero 07, 2010

Aviones tocando nuestra canción


Mi retrovisor roto es un poema que te escribí tratando de olvidarte. Cuando volviste, con tu guitarra negra y esas camisetas que te quedan tan bien cuando te desnudas, la casa volvió a oler a tus desayunos.

Así que ahora, en cuanto escuches los primeros acordes de esos aviones tocando nuestra canción, ponte cómoda para el baile, róbales la tristeza a los zapatos, la necesitaremos más tarde, cuando ya no queden fuerzas para celebrar las estaciones.

Porque todos los errores que cometí no han roto nuestra banda, volviste a andar despacio para reírte con mis idioteces. Fue tu manera de salvarme: sabes que en este mundo con el corazón vendido siempre necesitaré tus amaneceres para que mis pies rocen el suelo.

Tal vez tú soportes mi máquina de escribir, el color de las sabanas de nuestra cama sin hacer, el desordenado impulso de mis historias, los vinilos de canciones tristes. Quizás por ser la única que me conoce tus rincones oscuros dan luz a mis musas.

Son sólo teorías.

El hecho es que todavía recuerdo tu niñez volando por la ventana. Olía a mar. Había sal en tu niñez y cierta rebeldía, como olas dulces en tormenta acariciando las tablas de los soñadores.

Como siempre, estaré esperando a que vuelvas ahora que estas aquí, en un intento de romper el reloj y desafiar a la ciencia, probando formulas mágicas contra la desdicha, retando cada acepción del amor. Pensando en otras vidas con tal de volver a verte a través de la niebla.

Relato que participó, de nuevo sin éxito, en el Concurso Historias de Amor Jamás contadas

Aquí podeis leer el del año pasado

No hay comentarios: