miércoles, diciembre 17, 2008

Número Siete


Había entregados pescados de agua que no son nuestras, olores de familias italianas en pasta en su punto, carnes de amores e historias de traición, ensaladas de invierno para sofocar el hielo abrasador del verano, arroces con salsa difíciles de pronunciar y postres como ropa de interior cara abrazando el suelo melancólico que soporta mi cama.

De beber, vinos con historias de alquiler que como el amor son más caros cada año de vida, refrescos clásicos y agua mineral que sabe historias de montañas que se parecen a la vida.

Después de leerle la carta, ella tenía la mirada perdida, la sonrisa quita, sin rumbo, varada y la mente en el número siete.

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