domingo, diciembre 28, 2008

Pupitres de escuela


Recuerdo los viejos pupitres de mi colegio con cierto cariño. Eran verde claro pero perfectos, aunque ahora me parecen excesivamente bajos, como fabricados para extraterrestres. No obstante, me recuerdan mis mejores tiempos:

Allí fue donde me enamoré, además de otras, de ella. Tracé su primera letra con lo más punzante que tenía en mi viejo estuche de tela y dejé aquello grabado a fuego en la mesa de escuela donde conversábamos para soportar el tedio de las clases. Fuera del aula no existía para ella, lo cual nunca me importó.

Nos reencontramos años más tarde, ya suficientemente adultos, en aquel mismo colegio que nos unió en conversaciones cálidas. Ella no recordaba nada, pero seguía teniendo aquel rostro afrancesado, la mirada dulce y la sonrisa norteña.

Fue por eso, y no por nostalgia, por lo que hicimos el amor salvajemente en uno de aquellos viejos pupitres verdes del colegio. No cruzamos conversación.

Cuando llegó su orgasmo perdí el rastro de aquel avión que me había mantenido vivo, pero recogí el afrancesado aroma de la victoria.

miércoles, diciembre 17, 2008

Correciones en poesías

He hecho correciones en dos de mis poemas favoritos, que creo que son bastante apreciables y creo que mejorán las poesías:

Los niños ya no se atan los cordones

Moneda en el tejado

Espero que os gusten.

Número Siete


Había entregados pescados de agua que no son nuestras, olores de familias italianas en pasta en su punto, carnes de amores e historias de traición, ensaladas de invierno para sofocar el hielo abrasador del verano, arroces con salsa difíciles de pronunciar y postres como ropa de interior cara abrazando el suelo melancólico que soporta mi cama.

De beber, vinos con historias de alquiler que como el amor son más caros cada año de vida, refrescos clásicos y agua mineral que sabe historias de montañas que se parecen a la vida.

Después de leerle la carta, ella tenía la mirada perdida, la sonrisa quita, sin rumbo, varada y la mente en el número siete.

martes, diciembre 16, 2008

Mi buzón salvó tu vida




- ¡Que te jodan, Tony! Le dijo la prostituta al mafioso más gordo. Aquel maldito hijo de puta pesaba tanto que había vendido el corazón para hacerle hueco al estómago.

- Yo me joderé, pero tú eres puta muerta. No van a reconocer tus piernas entre tanta basura.

El otro se descojonó. Peloteo e hipocresía.

Entonces la obligaron con un gesto a ponerse de rodillas.

- Esta posición te suena, ¿verdad?

Mientras exageraban sus risas para cumplir el cliché, la puta cogió del suelo del vertedero mi buzón y le abrió la cabeza al gordo con un golpe certero. El flaco tardó en sacar el arma y además falló el disparo, así que la puta no perdonó.

Le pegó dos golpes secos con el buzón rojo y dijo:

- El cartero siempre llama dos veces, hijo de puta.

jueves, diciembre 11, 2008

Pequeña perversión


El adolescente miraba en el espejo sus granos rebeldes. Cuando sonreía veía unos dientes tímidos post ortodoncia que casi no reconocía, como si no fuesen suyos. Era un tipo feliz lleno de apuntes de filosofía y sueños inalcanzables, que prefería la cálida ciencia ficción a la realidad. No obstante, no dejaba de ser un chico normal.

El único problema era una pequeña obsesión, perversión para nosotros, que tenía. Dicho pensamiento venía con falda larga cada noche, traía una sonrisa no forzada y algo de humedad a sus sabanas de cuadro. Aquello hubiese quedado como un secreto altamente confesable, ya que las leyes morales de los sueños son mucho menos estrictas, si no hubiese ocurrido de verdad:

Deslizó la mano todo lo rápido que pudo para tocar sigilosamente aquel pecho tan grande, perseguido científicamente con la mirada todo el curso escolar. Después se preparó para el golpe. No hubo, ¡ella sonrió!

De haberlo sabido, pensó, no lo hubiese soñado tantas veces.

miércoles, diciembre 10, 2008

Trabajan en escenas de acción


[Sonido de contestador]

- Hola… ¿qué tal todo? Espero que bien… bueno… llámame

En un tejado cualquiera, el receptor de dicho mensaje corre saltando como puede entre diversas azoteas. Persiguiéndole va un matón corriente con cara peliculera. Cuando está a punto de atraparlo, la presa resbala y el matón se convierte en una desconocida groupie escotada.

Es en esa azotea donde perseguido y chica hacen el amor salvajemente y en donde acaban mirando el techo, que esta vez es el cielo desnudo de una ciudad cualquiera. Cuando él se reincorpora, ella le pregunta:

- ¿Volveremos a vernos?

Él no contesta y entonces ella se convierte otra vez en el matón peliculero, volviendo a perseguirle por el tejado.

[Sonido de contestador]

-Tal vez estaría mejor si no me persiguieras tantas veces.

sábado, diciembre 06, 2008

Trios que vuelven


Cuando se fue, nos dejó fríos y le quitó importancia a las sábanas. Para olvidar su marcha, intentamos hacer el amor pero no funcionó.

Ella era la rubia, factor clave para lograr un trío además de la morena y yo mismo. La que se quedó conmigo, esa chica de pelo oscuro, fumaba hierba para tratar de olvidar:

Sus pequeños pechos en el columpio, aquella noche de fiesta, su complicidad yendo a robar a las tiendas. “Que se jodan.” Se le ponía cara de enfado hasta que reventaba de risa.

Ella, la fugitiva, era el azúcar de mi ahora única amante. Yo la quería más a ella, ella más a la rubia y la rubia sólo se quería a sí misma. Como veis, todo era perfecto.

Una vez intoxicada, mi chica cogió un cuaderno para escribir un poema lleno de sexo e ira, amor y reproches. En los espacios en blanco hizo un dibujo.

Aquella misma noche la dejaría embarazada. Creo que lo notó, porque en el momento de mi orgasmo, su sonrisa verde dijo:

- Volvemos a ser tres.

miércoles, diciembre 03, 2008

Moneda en el tejado


No me hagas mentir,
tu sonrisa es una moneda en el tejado,
un sauce que se ilumina
esperando un amanecer extraño.

¿Y el amor?
La cola del paro,
una almohada,
la ciudad que echo de menos
a las faldas de la Alhambra.

¿Sabes? En el próximo eclipse
Voy a hacerte reír
con mi máster de canciones tristes
y un mueble de versos para ti.

Michael Scott



That´s what she said! Michael Scott (interpretado por Steve Carrell) es, en mi opinión, uno de los personajes más fascinantes que ha dado el desprestigiado medio que es la televisión. Entre sus muchas cualidades (negativas casi todas) resalta una que me parece merecedora de la etiqueta “indicador de héroe para depresión”: su sentido del humor.

Michael prioriza la risa, el protagonismo narcisista y la gamberrada ante limites sociales, corporativismo, reglas, protecciones y eufemismos varios. Porque estamos aquí para eso y él lo sabe. Porque ser el jefe de una compañía de papel no es excitante y mucho menos razón para levantarse cada mañana. Porque quizás se pueda rimar una palabrota llena de rubor con la levedad del ser, el resto de planes no tienen mucho sentido.

Muchos me diréis que es un ego andante, un tío inestable que no soporta no ser el centro de atención, cuya inteligencia es puesta en duda en cada una de sus frases y tendréis razón.

No quiero hacer una apología profunda del humor y de la risa, pero parece que todos los filósofos, psicólogos y demás oficios que se han planteado alguna vez porque somos o no somos felices llegan a la conclusión de que todo depende de cómo nos tomemos las cosas, de cómo procesamos la información.

Este es un claro ejemplo, hipérbole tal vez: un tío que se autoregala una taza que reza “soy el mejor jefe”, que se inventa fiestas en el trabajo y que entrega a sus empleados sus propios oscars es un tipo que sabe divertirse en una sociedad donde el poder está concentrado en las personas más sosas y aburridas del mundo. Y así no nos va bien. Añadamos un Michael Scott a nuestras vidas, todo irá un poco peor pero nos dará la risa.