sábado, noviembre 15, 2008

Voyeur



Había entregado su rostro enfadado, taciturno, por una sonrisa adulta ¡Qué cambio! Y todo había crecido proporcional al buen sabor del vino caro. Fue tras el milagro cuando el vecino, un voyeur más en la ciudad insulsa, logró su premio:

Aquella tarde que os cuento, la chica tenía la prisa manifiesta por culpa del poco tiempo entre puesta a punto y quedada. No deparó de la cortina, abierta de par en par porque su madre estuvo limpiando las ventanas, y menos de aquel mirón tan decadente, puntual enfrente de su edificio.

Estaba preciosa desnuda y para suerte de quien la vio, estuvo probando varios modelitos caros que no precisaban sujetador, dejando la armonía al aire. Bendita gravedad. De repente, se percató del mirón y se tiró al suelo en un acto reflejo…

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