lunes, septiembre 29, 2008

Historias de Rios (I)


Mi manera favorita de huir es ir en dirección a los ríos. Aquella tarde caminaba rumbo a uno de mis tres ríos favoritos, este me encanta porque sus aguas están llenas de versos y actualidad, intensamente vivo.

Fue antes de llegar a mi añorado Genil cuando la encontré. Iba sensiblemente drogada y balbuceaba un spanish básico tirada en frente de un colegio católico granaíno, cerca ya de mi destino.

Le pregunté, por pena, si estaba bien. Entonces abrió los ojos todo lo que pudo y sonrío. Estoy de siesta, contestó, sólo faltó un acento andaluz para hacer la escena perfecta. Tras mi carcajada le recomendé que se echase a dormir arropada por el río, calor perfecto contra el frío veraniego. Estuvo riéndose un buen rato, pensaba que era una especie de coqueteo, pero yo sólo quería acabar rápido aquella conversación para no perder el autobús al trabajo.

Entonces me contó que había estado una vez pero que le daba miedo porque nunca había gente. Demasiado íntimo para una chica como yo, dijo. Le respondí que se equivocaba, realmente estaba lleno de guiris como ella tomando el sol y de viejos verdes viendo fotografías eróticas, pero no la convencí.

Después de esa conversación, la acompañé y para mi sorpresa no había nadie en los aledaños del río. Estábamos nosotros dos, simplemente, cerca de las aguas del Genil llenas de versos y actualidad. Allí nos drogamos juntos y estuvimos cerca del sexo cincuenta minutos intensos que repetimos muchas veces aquel año mágico.

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