lunes, septiembre 15, 2008

Batá moviendo el rabo



Había vuelto. Batá estaba tumbado moviendo el rabo con esa sonrisa vieja tan suya. Me acerqué a acariciarlo y me lo agradeció, no sabría explicar cómo. El perro tenía un calor tremendo y luchaba por ser uno más allí, en el desierto, pero cada vez ahorraba más esfuerzos.
Había echado de menos a ese peludo blanco, sobre todo en mis noches de insomnio en el otro planeta. Él, aquí en el desierto, al revés que los demás, vive de noche, con el frío, y duerme por el día, cuando le dejan los humanos. Ambos echamos de menos el mar, pero en este planeta no existe. Él ni siquiera ha estado en agua salada pero cuando le miro echando de menos el Mediterráneo me entiende.
Es entonces cuando se levanta y me chupa la cara con su vieja lengua desértica.

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