sábado, agosto 23, 2008

Verónica mirando al sol


Debajo de su bello y melancólico ojo derecho había una marca. Era como un lunar diminuto pero sin serlo. Qué haces aquí, como has llegado, eres lo más bonito del parque Guell, ¡qué cursi! Tenía las piernas finas y largas y la sonrisa cargada. Como un sueño onírico o una diosa, ocultaba su acento andaluz por el rigor del idioma, aunque realmente era belleza de pocas palabras.

Entonces se puso, en un banco, a tomar el sol, desafiante. No me hacía caso y eso siempre me ha excitado. Ella lo sabía, claro.

- Tenemos todo el tiempo del mundo.

Yo sabía que no. Es más fácil serle fiel a las chicas de verdad.

1 comentario:

Todo a Cien dijo...

me gusta mucho tu escritura. me encanta que entre las líneas dejes espacio a la interpretación de cada cual y que podamos visualizar lo que describes. enhorabuena. me gustó visitar tu casa virtual. un saludo,