lunes, junio 02, 2008

Deberes de música



Recuerdo con cierta decepción las clases de música del colegio. A pesar de que tuve buenas profesoras, al menos con entusiasmo por el trabajo, creo que acabé con poco conocimiento sobre una de las pocas cosas que nos pueden hacer felices.
Al acabar la última clase, no sabía que era el jazz ni el blues ni diferenciaba claramente el rock del pop, algo supuestamente opuesto. Además, tenía terribles problemas para diferenciar los instrumentos.

¿Habilidades musicales? Pocas o ninguna. Intentaron enseñarme a tocar la flauta y no lo consiguieron. Era horrible como sonaba cuando tocaba bien y nunca llegue a conseguirlo. Por falta de medios era imposible tener otro tipo de instrumentos, buena escusa. Me hubiera gustado tener conocimientos sobre piano para al menos haber podido decidir si quería, ya en unas clases privadas, aprender a tocarlo.

Por otro lado, las clases de historia musical se basaban en la música clásica y recuerdo aquellas horas como una insufrible agonía. El problema, entiendo, es que empezamos la casa por la ventana y no nos enseñan nada sobre música tan valiosa como el reggae que puede ser más atractiva para niños formando su personalidad. A la clásica llegarían solos si supiesen apreciar la variedad de música de las que disponemos.

De esta carencia se aprovechan las multinacionales, siempre dispuestas a colarnos cualquier basura y a apostar músicos “minoritarios”.

Yo, tuve suerte, descubrí el jazz por casualidad en el Booga granaíno y he añadido a mi colección de discos algunas piezas. A mí la música me ayuda. Lástima el empeño de muchos en no impulsar una terapia tan barata como esas notas besando pentagramas.

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