martes, junio 17, 2008

Los niños ya no se atan los cordones


Hay un rumor de que las cosas han cambiado
paseando en los afluentes de tu rostro.
Ahora la tendencia es a invierno en verso
y las chapas leve brisa de descuido.

Suena a grietas nuestro pasado,
es una casa de verano cubierta de nieve,
un caleidoscopio oxidado,
la nube de sueños donde quisiste verte.

Mas estos versos están lejos de formar un poema triste
pues quedan ciertos discos y ciertos paisajes
albergando una esperanza distante pero próxima
mientras tu ropa interior riegue mi cama.

jueves, junio 12, 2008

Fauna Granatensis

Este pequeño artículo parte del libro cuya portada tenéis arriba. El libro se llama Fauna Granatensis y es una teoría humorística sobre los granaínos. Está escrito por el escritor y amigo Jorge Cabrerizo.


En Granada hay dos ríos que son afluentes del conocido Guadalquivir. Uno de ellos, y esto es una objetiva opinión personal, es cuna del romanticismo granadino. Es el Darro y está acompañado de taxis en busca de atropellos y de la guardia tranquila de la Alhambra. País de contrastes.
El otro es el Genil y sus alrededores son un marco genial para paseos y frescas lecturas. No tiene nada que envidiar al Darro pero es diferente, quizás más actual y para nada melancólico.

En el paseo del Salón, que es el que acompaña al segundo río, habita una fauna granatensis que provoca cierta vergüenza en paraje semejante, tan propicio para evadirse un rato de las miserias mundanas.

Los descubrí una tarde noche que fui de compras y al acabar me acerqué a dar una vuelta por allí, pero pensé que era casualidad que hubiese ese día semejantes personajes. Meses más tarde, una rocambolesca situación laboral me obligaba a cruzar dicho paseo martes y jueves. Fue entonces cuando comprobé empíricamente que de azar nada, ellos y los de su especie se ven impulsados a ese lugar tan cercano al afluente:

El viejo estaba descaradamente en el banco frontal a la guiri, típico prototipo de extranjera que no se entera de nada, viéndola de arriba abajo con babas, lengua fuera y sin gafas de sol, inteligente arma para los depravados.

Para comprobar la tesis que apoya este estudio sociológico observé mientras andaba al abuelo en su fechoría. No quitó la vista de la zagala en aquellos tres minutos y pudo deleitarse en aquella carne fresca, ya áurea gracias al sol del Genil. El destino le había puesto a la extranjera una camiseta blanca, y evidentemente trasparente. Puedo decir que era, tras subjetivas comprobaciones científicas, hermosa pero no tan atrayente como para tantas horas de perversión.

Los personajes de esta fauna tienen difícil descripción: son vetustos y completamente diferentes los unos a los otros, los hay como en botiga. Van como lobos solitarios a hacer su trabajo, no hablan jamás con su compañero de oficina.

Yo todavía me pregunto por qué eligen un sitio semejante. Supongo que para nosotros es un misterio sin resolver pero para ellos está claro: es un sitio fresco, el paraje es inmejorable y el paisaje también. Y no se refieren precisamente a los caudalosos muslos del río Genil sino a otros accidentes geográficos más carnosos.

jueves, junio 05, 2008

Pequeñas dudas sobre una marca de tu cara


Un charco de hada.
Tal vez.
Estrellas que erosionan sueños.
Puede ser.
Yo diría retazos de magia,
No sé.

lunes, junio 02, 2008

Deberes de música



Recuerdo con cierta decepción las clases de música del colegio. A pesar de que tuve buenas profesoras, al menos con entusiasmo por el trabajo, creo que acabé con poco conocimiento sobre una de las pocas cosas que nos pueden hacer felices.
Al acabar la última clase, no sabía que era el jazz ni el blues ni diferenciaba claramente el rock del pop, algo supuestamente opuesto. Además, tenía terribles problemas para diferenciar los instrumentos.

¿Habilidades musicales? Pocas o ninguna. Intentaron enseñarme a tocar la flauta y no lo consiguieron. Era horrible como sonaba cuando tocaba bien y nunca llegue a conseguirlo. Por falta de medios era imposible tener otro tipo de instrumentos, buena escusa. Me hubiera gustado tener conocimientos sobre piano para al menos haber podido decidir si quería, ya en unas clases privadas, aprender a tocarlo.

Por otro lado, las clases de historia musical se basaban en la música clásica y recuerdo aquellas horas como una insufrible agonía. El problema, entiendo, es que empezamos la casa por la ventana y no nos enseñan nada sobre música tan valiosa como el reggae que puede ser más atractiva para niños formando su personalidad. A la clásica llegarían solos si supiesen apreciar la variedad de música de las que disponemos.

De esta carencia se aprovechan las multinacionales, siempre dispuestas a colarnos cualquier basura y a apostar músicos “minoritarios”.

Yo, tuve suerte, descubrí el jazz por casualidad en el Booga granaíno y he añadido a mi colección de discos algunas piezas. A mí la música me ayuda. Lástima el empeño de muchos en no impulsar una terapia tan barata como esas notas besando pentagramas.