lunes, mayo 05, 2008

Películas sin polis


Atrapados en azul.

Tengo la teoría de que una ciudad carente de trabajo tiene que estar provista de alcohol. No me imagino una ciudad más triste que Chicago en los años veinte, entre crisis económicas y prohibiciones de néctares.

Está maldita sequía

Este fin de semana pasado ha estado Granada, ¡qué hermosa mujer!, de cruces. Es sencillamente decorar las plazas con una cruz hecha de flores y poner música, sobretodo flamenco, claro. Mi calle, la Gran Vía, amanece con carretas que rugen como demonios y las mujeres decoran las avenidas vestidas de gitanas. Era también beber en la calle con los amigos, quizás la parte más pagana del asunto, pero parte.

Ahora que falta eso la fiesta agoniza, y no sólo es opinión mía. Hay un malestar de consenso en todas franjas de edades. Es sobre todo por los 300 agentes que andan las calles buscando algún terrorista de la litrona, que tendrá que pagar 300 euros por beber fuera de un bar, una cifra tan repetida que parece hecho a propósito. Hambre para mañana

sólo la salvan los dragones.

Porque la poca magia tradicional que nos queda no va aguantar muchas más inquisiciones.

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