martes, mayo 20, 2008

Jaque de Peones



Me queda hasta final de mes como profesor de ajedrez. Pensaba que podría enseñar algunas cosas a niños de entre cinco y doce años, pero de lo único que estoy seguro ahora es que he aprendido muy poco de ellos y demasiado de los adultos.

Con mucho por recorrer, justo ellos que tienen más futuro por delante, sólo se preocupan del presente. Relativizan los problemas, se centran en lo positivo, juegan mientras crecen. ¡Qué grandes!

En cambio, sus padres están preocupados con los putos (no digas palabrotas, profe) horarios, las prohibiciones y obligaciones. Eso han aprendido como bueno. Sólo los aquellos niños que vienen a punta de pistola me han dado quebraderos de cabeza, aclimatándose ya a una vida rígida y jodida donde Peter ha muerto, pero protestando como escultores sin cinceles, cargando a los demás de energía negativa, como si fuesen adultos (aunque estos están algo más acondicionados).

Y es una pena, ojalá nosotros, los niños adultos, podamos algún día vivir en el verde de jugar y crecer, sin que nadie nos moleste.

lunes, mayo 05, 2008

Películas sin polis


Atrapados en azul.

Tengo la teoría de que una ciudad carente de trabajo tiene que estar provista de alcohol. No me imagino una ciudad más triste que Chicago en los años veinte, entre crisis económicas y prohibiciones de néctares.

Está maldita sequía

Este fin de semana pasado ha estado Granada, ¡qué hermosa mujer!, de cruces. Es sencillamente decorar las plazas con una cruz hecha de flores y poner música, sobretodo flamenco, claro. Mi calle, la Gran Vía, amanece con carretas que rugen como demonios y las mujeres decoran las avenidas vestidas de gitanas. Era también beber en la calle con los amigos, quizás la parte más pagana del asunto, pero parte.

Ahora que falta eso la fiesta agoniza, y no sólo es opinión mía. Hay un malestar de consenso en todas franjas de edades. Es sobre todo por los 300 agentes que andan las calles buscando algún terrorista de la litrona, que tendrá que pagar 300 euros por beber fuera de un bar, una cifra tan repetida que parece hecho a propósito. Hambre para mañana

sólo la salvan los dragones.

Porque la poca magia tradicional que nos queda no va aguantar muchas más inquisiciones.