lunes, abril 28, 2008

Sociología en el cargador



Sociología en el cargador. Vicente Verdú


Escrito tras escucharle en la presentación de su nuevo libro “No ficción”, en la Feria del Libro de Granada.

Sociología en el cargador. Algunos novelistas clásicos sin chaleco antibalas se preparan para oír la tranquila presentación de un nuevo libro. Pero Vicente tenía otros planes para la soleada tarde granaína, por algo estábamos en la Casa de los tiros.

Con unas palabras meditadas, se cagó, con educación y respeto, en las novelas ancladas en el siglo XIX, en la cultura absurda del libro, en las 400 páginas de suspense, en las descripciones de siete hojas, en la ausencia de sentimientos. Abogó en dejar la atracción para otras artes, y convertir la escritura en sentimiento, en autobiografía, en enseñar a los niños a ver cine, y que puedan encontrar trocitos de alma en los libros. ¡Qué se jodan los sudokus!

Tuvo un poco para todos, era sincero, rozando la no ficción todo lo que podía. Nos echó un capote a los blogueros, a los que disfrutamos más con Los Soprano que con El nombre de la Rosa. Dijo algo muy hermoso, y comparó la televisión con el Rock and Roll, que parece algo maldito de la que nace, pero que es invento maravilloso, democratizador. Habló también sobre la televisión a la carta, que deja ya sin escusas a los que dicen que la televisión es una basura, culturetas rancios.

Es tiempo, pues, de renunciar a las máscaras y utilizar la escritura como vínculo con los sentimientos. Porque, aunque sigan vendiéndose libros sólo con enganche, poco a poco irán perdiendo terreno contra cine, videojuegos, internet y demás inventos preparados para la batalla de la atracción. Entender nuestro medio nos ayuda a ser fuertes, la globalización nos brinda información por todas partes, por lo tanto ya no necesitamos un libro para saber cómo viven en otros países. Marco Polo será un autónomo arruinado dentro de poco. Pero los sentimientos son únicos y nunca se podrán explotar, ahí tenemos una vía.

Sólo hace falta desnudarse un poco. No se trata de renunciar a nuestros romanticismos, simplemente se coherentes con nuestro siglo XXI.

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