domingo, abril 20, 2008

Polvo en el aire


Está en un mugriento bar madrileño, con un impecable traje de novio de corte moderno. Desentona allí como un cartel de moderación en Las Vegas. Su cara de desesperación es tan grande que la camarera deja la cerveza con un seco “paga la casa”, aunque no le presta más atención.

Entonces, entre el humo y el ruido de las máquinas tragaperras del Bar los Ángeles, decide ir a buscarla. A la tercera en cuestión, claro, volver ahora con la chica del vestido de novia es imposible, y él no quiere hacerla infeliz para siempre.

Dicha chica, la culpable indirecta del no quiero, estaba también vestida para la ocasión, en pijama y escuchando Wilco para no llorar, en un heroico acto de resistencia. Entonces escucha levemente el timbre, música de piedras en la ventana. Él tiene que tocar repetidamente el timbre para que ella le abra, a regañadientes, mosqueada aunque todo ha salido como ella quería. El único reproche es que es tarde, y ha habido heridos de guerra, empatía de corazones rotos.

Cuando ella le ve, vestido para casarse, con ese olor a bar sin ventilar, se ríe casi histéricamente. Intenta besarla, pero ella da un paso atrás. Entonces él, a pesar de saber estar corriendo por el camino equivocado, dice:

- Tenemos un polvo en aire.

1 comentario:

Monitor de LCD dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.