miércoles, octubre 03, 2007

No hay otra norma


Viven olvidados como antiguos ídolos de barrio. Son gente corriente, absolutamente anónima, quizás con sus partidas de poker ilegales, habitaciones de hotel preferidas o tal vez con sus perros dormilones y maridos hastiados. Todos con sus preocupaciones, absurdas sino son las nuestras.

Se levantan, beben hierbas que son raíces. No son solamente argentinos, también españoles súbditos o quemadores de fotografías, con el café de las ocho y media, ¿por qué no estoy dormido?

En fin, gente corriente que no sale por la tele y pone su empeño en que siga sonando una canción de Jorge Drexler, lluvia que nos moja.

Y es que hoy, un miércoles casi lunes, leo en uno de mis blogs preferidos un cuento, basado en una poesía, que rodea, llegan antes los versos, para recordarme que todo se transforma, título de la canción que escucha un conocido a través de internet, seguramente basada en el genial poema.

Y por eso escribo esto, falto de ideas, para darles la razón y decirles en voz baja que acepto el reto. No hay otra norma.

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo

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