sábado, septiembre 29, 2007

Sobre desmayos


De repente, caigo subitamente al suelo. Había dejado de llover en ese instante, por eso estaban empañadas las cristaleras.

Con su humo se eleva su sonrisa hasta el techo. Enturbiaba su desnudez unos baqueros ajustados, estaba sentada en mi viejo sofa rojo, con las piernas cruzadas. Su pelo negro despeinado le llegaba a besar sus hombros delgados. Tenía un brillo especial en los marrones que no alcanzo a describir.

Yo despierto de mi desmayo, ése que viene a visitarme cada dos días. Ella sonríe divertida, termina de fumar. Para mi tristeza se viste, cubriendo de tela mis debilidades. Se despide, tal vez fría, y se va.

Sólo ella lo sabe.

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