martes, septiembre 25, 2007

Casandra tal vez.


Trencea su pelo. Avisa a gritos sobre su bicicleta de los peligros mundanos de la muerte climática. En su habitación no hay televisión. Es una mierda, explica mientras sonríe. En los parques, comenta sobre los problemas modernos de la vida sin sentimientos. Su ropa son trozos de tela abrazados, arte para ella y pobreza para el resto del mundo que conduce sordo de radares.

Ahora ya no está, mas estaba hace poco pintando en cuevas, cielo de playas en las que nadaba vestida con nada. Además, tenía el privilegio de haber encontrado un rincón donde el mar no es algas y medusas, sino mar. Como ella, hay muchas más si no nos fijamos. Pero esas que son iguales no son más que una adaptación de la oferta al mercado. Y luego estamos nosotros, un intento fallido de ser auténticos, esa canasta que se sale del aro en el momento final y nos deja huérfanos de victoria.

De ella, sólo quedan imágenes. No recuerdo ni su nombre, tal vez Casandra.

Este pequeño relato sale de una conexión personal entre el mito y última película de Medem:
http://www.juliomedem.org/caoticaana/index.html

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