miércoles, mayo 23, 2007

Noches en nuestro cine


Tras el fulgor cegador de la batalla,
está despierto en ese cine que no habla
y es suyo.

No necesita besos ni labios en whisky
para abrir los bares con un soplo rojo
y fresco,

pues tiene una flor amarilla de lámpara
que lleva pegada en tallo una canción
para ella.

Lo prohíbe ufano el esclavo contrato
mas viaja a sitios donde nunca estará
en persas

alfombras con maletas de nubes mágicas
con una tendencia peligrosa a letras
en soma.

Ha dejado en el puerto de Bremen
los billetes en maletines azules
de mar

y cuando llegue al capítulo mortal
más gafas de sol para la oscuridad
del haz.

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