jueves, octubre 19, 2006

Tejados albicelestes




— Tendrás que darme algo para que pueda escribirte un poema, ¿no crees?

Ella, en mitad de su sonrisa, le regala el pañuelo naranja y blanco que le abrazaba el cuello y le da la espalda a su acompañante.

— ¡Qué diablos hago con esto! ¡Querés que le escriba versos a un trozo de tela! Yo hablaba de un beso

Se gira y contactan sus labios con su mejilla. El falso o verdadero poeta no puede evitar sacar por la ventana su sonrisa.

— ¡Anita! Te hablo de un beso que inspire, vos me comprendes no te hagas la boluda, anda.

Anita se lo piensa, pero al final surge el poema. Sonetos paraguas para días de tormenta.

Más tarde, cuando se acaba la hora de laburo del sol, Ana se encarama en el tejado de su casa a fumar y llorar. Siguen en su casa sin saber noticias de su hermano, y hace un año ya que desapareció. A veces, entre caladas prohibidas y lágrimas que se desprenden, sonrie al recordar al abuelo decir:

— Vos no te preocupes, flor, tu hermano estará bien este donde esté. Si está en el cielo, mejor, mas si esta en el infierno estará preparando la revolución.

2 comentarios:

Xydehia dijo...

¿Y si aún se encuentra en el purgatorio de la vida?

Besitos

Sky4you dijo...

BUENO, BUENO