martes, octubre 24, 2006

Camino



Camino de hada
en cara de mujer morena,
gafas rosadas,
sentimientos en botella
regalo de islas rodeadas.

jueves, octubre 19, 2006

Tejados albicelestes




— Tendrás que darme algo para que pueda escribirte un poema, ¿no crees?

Ella, en mitad de su sonrisa, le regala el pañuelo naranja y blanco que le abrazaba el cuello y le da la espalda a su acompañante.

— ¡Qué diablos hago con esto! ¡Querés que le escriba versos a un trozo de tela! Yo hablaba de un beso

Se gira y contactan sus labios con su mejilla. El falso o verdadero poeta no puede evitar sacar por la ventana su sonrisa.

— ¡Anita! Te hablo de un beso que inspire, vos me comprendes no te hagas la boluda, anda.

Anita se lo piensa, pero al final surge el poema. Sonetos paraguas para días de tormenta.

Más tarde, cuando se acaba la hora de laburo del sol, Ana se encarama en el tejado de su casa a fumar y llorar. Siguen en su casa sin saber noticias de su hermano, y hace un año ya que desapareció. A veces, entre caladas prohibidas y lágrimas que se desprenden, sonrie al recordar al abuelo decir:

— Vos no te preocupes, flor, tu hermano estará bien este donde esté. Si está en el cielo, mejor, mas si esta en el infierno estará preparando la revolución.

domingo, octubre 08, 2006

Besos en autopistas románticas




La lengua conocía el camino.
Sabía, sabia, cada recoveco rojo
y regaba la tierra como naturaleza lista.
¡Qué hará la pobre si pierde el trazado
y ya no puede besar nada!

A veces de tigre, lengua enfadada,
saliva mordiscos en víctimas ganadas
que apagan la luz cuando llega el placer
y se olvidan de las perdidas batallas.
¡Tan humanamente animal, tan viva!


Besos, coches en autopistas románticas
que se sienten vivos al bajar la ventanilla
y recibir aire de labios.
Crepúsculo de días vanos como balas.


Gracias a todos los que leeis este blog. Sois geniales

miércoles, octubre 04, 2006

Pies pequeños



Tiene que tener los pies pequeños. Con este único requisito el capitán busca en la arenosa isla. Estaría bien que fuese morena, más que nada porque cierto oro siempre viene acompañado de desgracias.

Muchos días antes de que comenzase la actual búsqueda, nublado tal vez por el ron, salió de la taberna menos respetable de la ciudad hacia un rumbo desconocido, cosas de piratas. Acabó en la orilla de un río, sensiblemente afectado por los excesos (que no por el amor), y aguantó sin devolver el alma por respeto a los galones. Y allí estaba ella, de una estatura escueta, como regalo procedente de los dioses, y una divertida escalera que le recogía el pelo para que admirasen más su belleza. Cantos de sirena.
Por eso esta vez el capitán quería asegurarse del tamaño de sus pies para que nada fallase.

lunes, octubre 02, 2006