lunes, septiembre 25, 2006

martes, septiembre 19, 2006

El capitan odia la lluvia




El capitán odia la lluvia, sobretodo cuando está en tierra. En la mar la lluvia es más soportable, más humana. Intenta secarse el sombrero pero es imposible, por lo que opta por beber un trago más de una botella brillante de ron. Paraguas.

La lluvia llena de barro sus botas nuevas y los niños dejan de jugar viéndose obligados a techarse en una de las pocas tardes que serán libres. Esos días, incluso los cobardes dejan de acercarse a los peores bares y ciertas mujeres descansan el alma con la excusa del día gris.

El capitán aprovecha, para, entre el disimulo del licor de las nubes, llorar toda la noche.

miércoles, septiembre 13, 2006

Nuevo rumbo



En la mesa de derrota, un mapa con un círculo en rojo y una brújula sonriente. El capitán, con sombrero nuevo, grita el nuevo rumbo y el júbilo se apodera de la maltrecha embarcación. Incluso la inútil bandera parece volver a besar el viento como antes.

Tal vez, las islas caribeñas nos saluden a abrazos o a pólvora seca, tal vez nuestras vidas acaben en los burdeles de muerte de Tortuga. No obstante, la sensación de aventura, el riesgo de las dos tibias nos empuja como viento de dioses.

Mientras el barco gira apuntando a las nuevas coordenadas, el mar parece cómplice con su calma. La tripulación, siempre al borde del motín, se dedica simplemente a cumplir sus tareas sin excesos y a celebrar con el poco ron que hay a bordo nuestras nuevas vidas.

La moneda gira y a punto está de besar el suelo…

lunes, septiembre 11, 2006

Versos que se quedan fríos (I)


(Un lugar en el mundo)

Fiebre de lugares en el mundo
queman una carretera incierta.
Fuerte lluvia y sequía de noche,
sábanas desnudas sin su siesta.

Los sonetos con versos ajenos
se suben al autobús en burla.
Un manzano besará la tierra
cuando tenga billete a la luna.

domingo, septiembre 03, 2006

Dársena



Grises en el puerto anuncian tormenta
las nubes como tambores de guerra,
un niño con la lengua un juego inventa
ávido como maqui en una sierra.

A tu dársena ejércitos de barcos
miles, millones, húmedos, invencibles
Naufragan todos en tus mares zarcos
entre rezos de sirena increíbles.

Flor y dos primaveras en un día.
Recogiendo de tu mar caracolas,
rayos de Zeus, lametazo y entusiasmo

Con tu respirar como sinfonía
y mi galeaza en tu rompeolas,
bolchevique conquistando tu orgasmo