jueves, agosto 24, 2006

Acordes del arpa - Quique González


Tener encaje sin perder empaque, esa es su filosofía, como si el mundo fuese un ring de boxeo, un rey en eterno jaque, o la vida una historia sangrienta mal contada que nos deja solamente escenas de cines y contados motivos debajo de una falda. Todos somos o seremos alguna vez la nariz rota de Kid Chocolate después de combates exitosos por lo que sus canciones son nuestras. La melancolía de la lona y puñetazos de vida sutilmente retratados.

Sus letras abrazadas descansan en aeropuertos arropados por su obsesión por los aviones, pidiendo permiso para aterrizar en Salitre 48, siendo un avión en tierra en Pájaros Mojados, o el tiempo que pasó y nos dejó huérfanos de reinados en Personal, su primer trabajo.

Otras veces sus acordes no son sino tributos a los Kamikaces Enamorados, aquellos seres de otra galaxia que se lo juegan todo para conseguir lo que quieren o discos rockeros, La noche americana, que hablan de cosas como de las rubias que hicieron las maletas con nuestra arena y se fueron sin decirnos nada.

El hotel de los solitarios que nos dibuja no es el mismo souled out por leyes del mercado sino que parece más bien una trinchera pacífica y minoritaria donde tener el blindaje suficiente en forma de humanidad, colchones y música para subsistir. Allí al parecer los diferentes aceptan su derrota y reparten con el camarero las propinas. Su único fin es no salir al exterior e hipotecar su historia. Coherencia y libertad.

Aunque tú no lo sepas, junto con el ruido aciago de todo esto se dibujan las playas de Arenha, la sonrisa de la mujer que da de comer a los gatos, el segundo round para corazones sin silenciadores y el retorno razonado del campeón a los autobuses rojos donde todo huele bien.

www.exonome.org (Publicado en el nº5)